- LVII -

By Lupercio Leonardo de Argensola

Sin que contraste la humildad profunda,

con que huyó de la gloria humana Diego,

hoy ve altar en su nombre, y arder fuego,

de donde grato olor a Dios redunda.

Él, que dio humilde el cuello a la coyunda,

y fue del siglo vano oprobio y juego,

vedlo gozando celestial sosiego,

y cómo de riqueza eterna abunda.

Póstranse las Coronas y Tiaras

a donde puso la desnuda planta,

y cumplen peregrinos votos sacros.

Vivo no osó tratar la santas Aras,

y muerto, Dios sobre ellas se levanta,

en eterna memoria y simulacros.