- XXI -

By Lupercio Leonardo de Argensola

Yo vivo de un engaño y otro engaño

en las horas prolijas de esta ausencia,

y quiere que le deba mi paciencia

lo que sí resistiera un desengaño.

Ahora, ¿qué haré, triste, que de un daño,

jamás temido, temo la experiencia,

y no le son engaños resistencia,

con que yo me defiendo y acompaño?

Yo moriré, yo moriré sin duda,

si el mal me acometiere que sospecho;

mal que no hay pecho humano que no asombre;

mal que al nombrarlo está mi lengua muda.

Ved como sufrirá su esencia el pecho,

si ella sufrir no puede sólo el nombre.