- XXIV -

By Lupercio Leonardo de Argensola

Cuidada navecilla, ¿quién creyera

que osaran estas olas ofenderte,

viéndolas otro tiempo obedecerte,

como si tuyo el mar soberbio fuera?

Tus bienes les he dado, y persevera

su saña; no sé ya como valerte;

el arte dejo en manos de la suerte,

para que ella te arroje adonde quiera.

Bien sé que se aplacaran al momento

sí, como le he dado la esperanza,

entregara también el pensamiento;

pero avéngase ya con su bonanza;

que más quiero morir en mi tormento

que vivir con infamia en su mudanza.