- XXV -

By Lupercio Leonardo de Argensola

No temo los peligros del mar fiero

ni un escita la odiosa servidumbre,

pues alivia los hierros la costumbre

y al remo grave puede hacer ligero;

ni oponer este pecho por terrero

de flechas a la inmensa muchedumbre;

ni envuelta en humo la dudosa lumbre,

ver y esperar el plomo venidero.

Mal que tiene la muerte por extremo,

no le debe temer un desdichado;

mas antes escogerle por partido.

La sombra sola del olvido temo,

porque es como no ser un olvidado,

y no hay mal que se iguale al no haber sido.