A Celia el día de su partida
Brilla fúlgido el sol: la brisa errante
bebe extasiada el néctar de las flores,
y bañada la atmósfera en colores
semeja un mar de luz terso y brillante
El arroyo gentil, puro y sonante,
refleja en su cristal tantos primores,
y el canto de los libres ruiseñores
mágico se oye resonar distante
Todo es placer y amor, todo armonía,
mientras mi corazón deshecho en llanto
entona melancólica elegía;
pues nada calma su inmortal quebranto
al recordar ¡oh dulce prenda mía!
que tras tu ausencia volará mi encanto.