A don Agustín de Salazar y Torres
Llorad, Hijas de Apolo, el negro día,
que, dueño de vapor tan inhumano,
en sus arrullos a esplendor temprano
monumento cuajó de niebla fría
Llorad, y en vuestra acorde melodía
al Joven Cisne, sin el tiempo cano,
subid, por privilegio soberano,
a ser allá la décima armonía
Digo Solio será de aquel gran vuelo,
que en cada escrito la noticia advierte,
y le da a cada línea nueva gloria.
Pues acá ya nos queda por consuelo,
que eternidad, que le robó la muerte,
hoy se la restituye la memoria.