A Gregorio Silvestre

By Luis Barahona de Soto

Si la arpa, si el órgano sabroso,

si el monacordio, si la dulce lira

que en vuestras manos, gran Silvestre, admira

y suspende el ingenio más furioso;

si el dulce verso fácil y gracioso,

con que a los vientos refrenáis la ira,

algún consuelo, aunque liviano, inspira

a un seso apasionado y amoroso,

¡aquí, Señor, que me ha rompido el pecho

con punta de oro de acerado dardo

la mano más gentil que el cielo ha hecho!

¡Aquí; que huyo el bien y el mal aguardo;

espero el daño y temo mi provecho;

he frío en brasas y entre hielos ardo!