A Ignacio
Alta, piadosa máquina, eminente,
cuya majestuosa arquitectura
del estrago del tiempo se asegura
en las admiraciones de la gente
Cuantas riquezas engendró en Oriente
el sol, en Occidente plata pura
la errante Luna, en pródiga escultura
culto a tu adoración hacen decente
En ti pomposamente se venera
de cinco Santos la feliz memoria
con celo pío y víctimas fragantes
¿Quién sino estirpe tuya, IGNACIO, fuera
tan viva imitadora de la gloria,
que en tálamos de luz gozan triunfantes?