A Justa

By Salvador Bermúdez de Castro

Cuando un tiempo cansado en su camino

el ardiente Israelita vacilaba,

a consolar su espíritu llagaba,

vertiendo aromas, querubín divino

Y si luego en el aire cristalino

sus alas desplegando se alejaba,

un rayo siempre de su faz guiaba

al fatigado, errante peregrino

Así al mirar de la fortuna el ceño,

evoco un bien, oh Justa, en mi memoria,

que es de mis males celestial beleño.

Y en mis pesares, cándida, ilusoria,

tu hermosa imagen, cual divino ensueño,

el alma inunda con fulgor de gloria.