A la dispersión de los restos que debieron guardarse en el Panteón Nacional

By Manuel del Palacio

¡Dejémosles pasar! No con impías

promesas vanas, que el honor condena,

turbemos otra vez la paz serena

que hallaron en sus tumbas, hoy vacías.

Duerman en calma las cenizas frías

a cuya gloria se atrevió la ajena,

y como arrastra el siervo su cadena,

arrastren su infortunio nuestros días.

No durarán columnas ni trofeos,

ni lápidas, ni bronces, ni diamantes,

lo que duran Virgilios y Tirteos,

y ya cerca se miren, ya distantes,

el pedestal que achica a los pigmeos

nada puede añadir a los gigantes