A LA MEMORIA DE MI HIJO ALBERTO

By Fernando María Guerrero

Las campanas que ayer por tí lloraron,

siguen dentro de mí doblando a muerto,

como siguen llorándote, ¡oh mi Alberto!,

los ojos de los muchos que te amaron.

Todavía en mi hogar hay un desierto

rincón, que es foco de dolor sombrío...

¡Es como la tragedia de un vacío

que no ha de ser por nadie ya cubierto!

¡Por nadie!... Fuiste tú el primer capullo

de mi rosal de amor, fuiste el orgullo

en la vida lo mismo que en la muerte.

Tú viviste en bondad y así moriste.

¡Sólo me queda el bien de amarte triste

después del mal inmenso de perderte!