A la muerte de Lope de Vega
Nadie te alabe, Lope, que tú solo
te sobras a ti mismo de alabanza,
cuya elegante voz sonora alcanza
a las instancias de uno y otro polo
Sea tu nombre eterno Mauseolo,
no sujeto del tiempo a la mudanza;
goza la fama con igual bonanza
del Volga helado al cálido Pactolo
No añaden luz al sol artificiales
antorchas, que encender puede oficiosa
la fiel solicitud de los mortales
Cualquier posteridad te será ociosa,
que mal alumbran rayos materiales
a quien con propio resplandor reposa.