A la muerte del capitán Esquerra de Rozas
Al puerto de la vida (que es la muerte),
llegaste, ¡oh, dulce hermano! En Cartagena,
donde tu embarcación el cielo ordena
a mejor patria, a más felice suerte
Pasaste aquel estrecho, a todos fuerte,
desembarcando en la inmortal arena,
donde pagado el flete, breve pena
en gozo perdurable se convierte
Dichoso tú que libre ya y seguro
del último naufragio, alegre gozas
en un inmenso mar, inmenso puerto
Triste de mí que en este golfo escuro,
mientras en ese tú, la edad remozas,
navego del suceso siempre incierto.