A la muerte del Cuaro Enrico, Rey de Francia

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

No llegó a tanta envidia de los hados,

ni bastó para tanto fuerza alguna;

temió quejas del mundo la Fortuna;

vio sus atrevimientos respetados.

Y veisle: yace en mármoles helados

(así lo quiere Dios) el que ninguna

diestra temió debajo de la luna;

el que armó con su pecho sus soldados.

La cana edad le perdonó piadosa;

la flaca enfermedad le guardó vida

con que buscar pudiera honrosa muerte.

Todo lo malogró mano alevosa,

quitando al mundo el miedo en una herida,

desmintiendo promesas a su suerte.