A la muerte del doctor Juan Pérez de Montalbán
Este a quien con su pena Premió el hado,
siendo su gloria el verse perseguido,
por dejarle este ultraje más lucido,
la envidia le envidiaron envidiado.
A la esperanza fue (después de hallado)
flor su ingenio, y achaque de Florido,
no hubo bien el deseo amanecido,
cuando su muerte le quitó un cuidado
¡O dicha tarde hallada, y ya perdida!
¡O dolor! ¡que constancia! ¡El golpe fuerte
de la Parca cruel no dejó herida!
¡O fama si tal fue su adversa suerte,
quien en su muerte no envidió su vida,
viendo la vida que le dio la muerte!