A la muerte del doctor Juan Pérez de Montalbán
El Monte excelso que la blanca Aurora
con trémulos cambiantes argentaba,
cuya sublime cumbre dibujaba
los dos collados donde Apolo mora;
fúnebre eclipse su esplendor desdora,
tanto que cuantas plantas albergaba
oscura densidad las emboscaba,
hurtando a Febo la porción que ignora;
pero en vano se oponen sombras frías
a empañar de su cima los verdores,
si han de brillar amenas lozanías;
y mal pueden ceder a los horrores,
pues a pesar del tiempo, y de los días
de sus cenizas nacerán las flores