A la paloma que salió de la boca desta santa en su muerte
La cándida paloma, honor del suelo,
que es la perfecta y una, a quien su Esposo
llamó del monte Líbano frondoso,
ya parte, a su llamado, del Carmelo
Pasó el rigor del invernizo yelo,
y del cóncavo nido pedregoso,
vuela a gozar del íntimo reposo:
ved cual se encumbra; ya penetra el Cielo
¡Oh, cuánto la remira el que la aguarda
desde sus pies hasta sus ojos bellos!
¡Oh, cuál la admite con abiertos brazos!
Alegre puedes acogerte en ellos,
do con tu Esposo dulce, ave gallarda,
unida vivas en eternos lazos.