A la poesía

By Esther Lucila Vázquez

¡Oh, celeste raudal de melodía

que jamás enmudeces ni te agotas;

en ti palpitan las sublimes notas

que arrancan de tu plectro la Armonía!

Si de ti me aparté, si en triste día

miré las cuerdas de mi lira rotas,

hoy con fuerza mayor en mi alma brotas

e invocarte de nuevo me extasía.

Esta corona de perfume agreste,

¡Oh, Deidad!, que en tus aras deposito

pueda tocar la fimbria de tu veste!

Y al elevar a ti mi pensamiento,

de la edad en el piélago infinito,

¡blanca estela de luz deje mi acento!