A la victoria
O Religiosa admiración, o pura
fábrica, que piadosa y arrogante
eres del cielo luminoso Atlante,
su máquina en tus hombros más segura
O montaña de luz, que al sol procura
rayo a rayo usurpar la luz radiante,
en láminas la fama de diamante
de envidia, olvido y tiempo se asegura
No humille pues el tiempo tu grandeza,
y el olvido no oculte tu memoria,
ni sepulte la envidia tu belleza.
Que Mínimo poder con tanta gloria
bien muestra en el laurel de su riqueza,
que no puede rendirse la Victoria