A la Virgen del Pilar
Virgen gloriosa, que antes que cortase
la parca el hilo de tu mortal velo,
y que por tu alma santa allá en el cielo
del Solio eterno posesión tomaste;
para que tu Ciudad por ti quedase
rica de gloria, y llena de consuelo,
le concediste que en tu patrio suelo,
de tu presencia corporal gozase.
Mas ilustre la hace el trono sacro,
dela columna, que dejaste en ella,
que el nombre, con que Augusto quiso honrarla.
Y más virtud tendrá tu simulacro;
para ampararla, y para ennoblecerla,
que sus castillos, torres, y muralla.
De la que cupo a quien no cabe el cielo
la inmensa alteza de virtud y gloria,
quien sea digno de tratar la historia
no se hallará en la redondez del suelo
¿Cuál águila se vio meterse a vuelo
por mar que de su cabo no hay memoria?
¿quién flecha el arco, si es cosa notoria
no llegar con mil leguas el señuelo?
Y pues, Virgen gloriosa, no se espera
dignamente decir cuanto subiste
sobretodo lo que hay que Dios no ha sido,
sólo diré que, si por vos no fuera,
siendo Madre de Dios, como lo fuiste
no fuera el mundo hoy día redimido;
porque quede entendido
la gran honra y amor que os debe el mundo,
pues por vos goza un bien tan sin segundo