A Lope de Vega
Cuando como otra Eurídice, teñido
de sangre el blanco pie, mas no el deseo
de las injustas quejas de Aristeo,
pasado hubiera el agua del olvido:
al arco de tu lira detenido,
y en blanda paz sus almas el Leteo
vieran mis ojos, español, Orfeo,
segunda vez el resplandor perdido
¡Oh clara luz de amor que el cielo inflama!
Su curso el tiempo en estos versos mida,
sirvan de paralelos a su llama.
Por ellos corra mi memoria asida,
que si vive mi nombre con tu fama,
del alma igualará la inmortal vida.