A mis hijos
Sin pocos años y sin muchos bríos
mustias están mis juveniles flores;
ya no debo ni sé decir amores,
sin pensar en los vuestros, hijos míos
Os digo, pues, que torpes amoríos
no deben halagaros seductores;
buscad entre las buenas las mejores
y dejaros de locos desvaríos
Hijos míos, que sea vuestra esposa
recatada, discreta, virtuosa:
no la elección de vuestro amor aflija
al entrañable amor de vuestro padre,
y una mujer, en fin, dadme por hija
igual que la mujer que os di por madre