A otra dama de igual hermosura y del todo ciega

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Envidia, Antandra, fue del sol y el día,

en que también pecaron las estrellas,

el quitaros los ojos, porque en ellas

el fuego blasonase monarquía.

A poder vos mirar, la fuente fría

encendiera cristales en centellas;

viera ceniza sus espumas bellas,

tronara fulminando su armonía.

Hoy ciega juntamente y desdeñosa,

sin ver la herida ni atender al ruego,

vista cegáis al que miraros osa.

La nieve esquiva oficio hace de fuego;

y en el clavel fragante y pura rosa

vemos ciego al desdén, y al Amor ciego.