A Pedro Bermúdez
De vuestro claro ingenio, señor mío,
con gran facilidad me persuado
que resultó consejo tan dañado
más por habilidad que por natío
Que imaginar de vos tal desvarío
fuera muy más impropio y excusado
que no pensar que fuese el sol dorado
de su naturaleza oscuro y frío
Mudadle las palabras y el subjecto,
no le solicitéis con tal engaño,
que no tenéis, señor, digna disculpa
pues resulta de ingenio tan perfecto
consejo y persuasión de tanto daño
es convertir en vos toda la culpa