A Quevedo

By Manuel del Palacio

De las amargas olas de tu llanto

nacieron las espumas de tu risa,

y hoy no distingue el ánima indecisa

lo que es en ti gemido y lo que es canto

Ya del austero Bruto con el manto,

ya de Marcial siguiendo la divisa,

del tiempo, que de ti se aleja aprisa,

eres admiración, gloria y encanto.

Bajo los dardos de tu ingenio agudos

el vicio y la maldad doblan las frentes,

hay jueces sordos y tiranos mudos;

que tal fue tu misión entre las gentes,

ir por la tierra con los pies desnudos

aplastando cabezas de serpientes.