A Rojana

By Juan Valera

Es mi anhelo vivir siempre contigo,

oír tu dulce y regalado acento,

mirar tus ojos, respirar tu aliento,

sin rival de mi dicha, ni testigo.

Yo tanto bien, Rojana, no consigo,

mátame, pues, y acabe mi tormento;

mas al verme morir, por un momento

une tu labio al labio de tu amigo.

Pensando en esta dicha que me espera,

si mi llanto y mis ruegos no son vanos,

con la esperanza de morir me alegro

¡Cuán supremo deleite yo sintiera

si me amarrasen al morir, las manos

con una trenza de tu pelo negro!