A Rubén Darío

By Eduardo Carrasquilla Mallarino

Con tu verbo potente y tus ritmos caudales

cruzaste por el mundo hasta escalar la meta

Fueron maná tus prosas y tus versos triunfales

agua tan milagrosa como la del profeta

Inaudito, soberbio, florecido de astrales

maravillas, tu numen penetró la secreta

fuerza de Dios, y fueron tus signos cardinales

la orientación ilustre de una raza, ¡poeta!

Cierto que hincó sus lanzas el odio en tus costados,

que tuviste Iscariotes a tu mesa sentados,

y que en vez de laureles te ciñeron espinas.

Pero, como el Poeta de Nazareth, cumpliste

los designios del cielo, que envía al mundo triste

-de vez en cuando- una de sus almas divinas