A San Isidro
Los campos de Madrid, Isidro santo,
santifica, llenándolos de cielo,
mientras subiendo con glorioso vuelo,
parece despreciar lo que ama tanto.
Sustitución, ¡o cuánto puede, o cuánto
más que la acción, contemplativo celo,
celeste baja y fertiliza el suelo,
que su ardor alentó, regó su llanto.
Activo humor y fervoroso olvido
no sólo fácil dejan al tributo,
mas al cielo la tierra semejante
Así, más labrador adormecido,
de gloria allá también coge abundante,
sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.