A San Isidro
Los campos de Madrid, Isidro santo,
que fueron paraíso peregrino,
mudos alaban a su Adán divino,
que un cielo les compró pagado en llanto.
Pues cuando Isidro con amante canto
vacaba su labor, a Dios vecino,
de agrícolas brillantes se previno,
que presten tanta luz, esplendor tanto
Orad, Isidro, orad, pues tan copioso
se ostenta Dios, que vuestro efecto escoge,
y espíritus humilla por tributo
Dichoso vos, pues es aquel dichoso,
que de los cielos la cosecha coge,
sembrando aquí sus lágrima, el fruto.