A San Isidro
Los campos de Madrid, Isidro santo,
suspensa el alma en oración dichosa
angélico escuadrón con planta hermosa
labra por vos, que le obligáis a tanto.
¿A quién no causa venerable espanto,
si el fruto de la tierra más copiosa
responde siempre a la semilla ociosa,
y vos sembráis el fruto en vuestro llanto?
Mas el que labra campos de los cielos,
cogiendo siembra, sin que espere en vano,
porque el mismo sembrar es el tributo.
Todo es a un tiempo, sin temer desvelos,
y así en el cielo Isidro coge ufano,
sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.