A San Isidro
Los campos de Madrid, Isidro santo,
verdor anticipado a las riberas,
para fertilizar sus primaveras,
tus ojos riegan con devoto llanto.
La elevación levantas, y entre tanto
guían tus tardos bueyes, que aligeras,
los que habitan las célicas esferas,
dando a los orbes prodigioso espanto
Tu alma como flor se levantaba
del campo al cielo a darle un atributo,
que la tierra en tu nombre acreditaba
Y allí cogiendo de la fe el tributo
te da de la esperanza que te daba,
sembrando aquí sus lágrimas, el fruto