A San Isidro
Los campos de Madrid, Isidro santo,
cielos parecen ya, luces sus flores,
pues los aran tan nuevos labradores,
que dan envidia al sol y al cielo espanto.
Con nueva escala de Jacob el manto
rompen de Juno en cándidos fulgores,
lucháis con Dios, y por llorar de amores
soberana Raquel os premia el llanto
¡Qué bien trocó vuestro divino celo
por jardines de sol campos de luto!
¡qué bien os llama vuestro patrio suelo.
Labrador celestial por atributo!
Pues cogen vuestros ojos en el cielo,
sembrando aquí sus lágrimas el fruto.