A San Laurencio
Hijo de Huesca, augusto ciudadano,
romano asombro, aragonés constante,
cortesano español, muerto galante,
que al Protomártir diste diestra mano.
Laurel que hizo el decreto soberano,
corona de la Iglesia militante,
oscense argento, y oro el más flamante,
acrisolado a incendios del tirano.
Pero ¿Laurel, y a rayos consumido?
¿no fuera más favor que os asistiera
como en la zarza Dios, y no os quemara?
Mas sois Fénix de amor envejecido,
y renovaros quiso en esa hoguera,
para que así el amor se eternizara.