A un caballero que se dolía del dilatarse la posesión de su amor

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Quien no teme alcanzar lo que desea

da prisa a su tristeza y a su hartura:

la pretensión ilustra la hermosura,

cuanto la ingrata posesión la afea.

Por halagüeña dilación rodea

el que se dificulta su ventura,

pues es grosero el gozo y mal segura

la que en la posesión gloria se emplea.

Muéstrate siempre, Fabio, agradecido

a la buena intención de los desdenes,

y nunca te verás arrepentido.

Peor pierde los gustos y los bienes

el desprecio que sigue a lo adquirido,

que el imposible en adquirir, que tienes.