A un hombre llamado Diego, que casaron con una mala mujer llamada Juana
A las bodas que hicieron Diego y Juana
dio de su cuerno flores Amaltea,
tocaron la corneta del aldea
y una cuerna almorzaron valenciana.
En cuerno meó el novio, aunque sin gana,
cuando la novia en otro cuerno mea,
y en la cornija de la chimenea
les cantó la corneja de mañana.
El cura, que es Cornejo, escribió el nombre
con tintero de cuerno, y él le ha dado
un cornado, que es todo lo que pudo.
Y es el bueno de Diego tan buen hombre,
que, con tantos agüeros, no ha notado
cómo le casan para ser cornudo.