A un sujeto maltratado de un ministro
No es tiranía, Fabio, esa que emprende
e fiero monstruo que adorar solías,
cuando aspirante a más que idolatrías
hoy con tu mesma ceguedad se ofende
Ni el fuego que en el ánimo se enciende,
sobre quien arden esperanzas frías,
se paga del vapor, ni a los que envías
injustos votos, su altivez atiende
No por desgracia, por piedad lo cuenta;
¡O desprecio a más luces venerable,
padre del desengaño siempre justo!
Deja que siga lastimando el gusto,
y en lugar de aquel ídolo execrable
adora por tu ídolo tu afrenta.