A una dama, admiradora de Garcilaso, enviándole dulces
«Cerca del Darro, en soledad amena»,
con tu memoria ¡oh, Julia! divertía
los males de mi triste fantasía,
de cuyo bien la ausencia me enajena.
Cuando por nuevo susto, nueva pena...
ya no quiero más culto, Julia mía,
digo en plena corriente, que ayer día
me dijeron que no quedabas buena.
Que era el mal, resfriado y en tal caso
almendras, te receto, confitadas;
prendas son de mi afecto nada escaso,
y con motivo de tu mal buscadas,
cómetelas y di con Garcilaso:
«¡Oh, dulces prendas, por mi mal, halladas!»