A una dama que apagó una bujía, y la volvió a encender en el humo soplando

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

La lumbre, que murió de convencida

con la luz de tus ojos y, apagada

por sí en el humo, se mostró enlutada,

exequias de su llama ennegrecida,

bien pudo blasonar su corta vida,

que la venció beldad tan alentada,

que con el firmamento, en estacada,

rubrica en cada rayo una herida.

Tú, que la diste muerte, ya piadosa

de tu rigor, con ademán travieso

la restituyes vida más hermosa.

Resucitola un soplo tuyo impreso

en humo, que tu boca es milagrosa

aura, que nace con facción de beso.