A una fénix de diamantes que Aminta traía en el cuello

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Aminta, si a tu pecho y a tu cuello

esa fénix preciosa a olvidar viene

la presunción de única que tiene,

en tu rara belleza podrá hacello.

Si viene a mejorar, sin merecello

de incendio (que dichosamente estrene),

hoguera de oro crespo la previene

el piélago de luz en tu cabello.

Si varias de muerte y de elemento

quiere, y morir en nieve, la blancura

de tus manos la ofrece monumento.

Si quieres más eterna sepultura,

si ya no fuese eterno nacimiento,

con mi envidia la alcance en tu hermosura.