A una fuente oprimida de una mano
En vano oprimes con la mano impura,
que el pirámide cándido devora,
envidia vil, la fuente que el sol dora,
y en rayos de cristal perennes dura.
Si cuanto baja de mayor altura,
tanto sube después fuente sonora,
la que del cielo, donde fue su Aurora,
por fuerza ha de subir tan alta y pura.
Qué importa, envidia, que a vencer te animes
sus linfas claras, de Cleopatra uniones,
que aumentas perlas, y en el agua imprimes
Que puesto que pretendan tus acciones
que piense, quien te mira, que la oprimes,
para hurtarle el cristal, la mano pones