A una hermosura que murió de repente con un reloj en la mano

By Salvador Jacinto Polo de Medina

Ese volante que continuo expía

es siempre en lo viviente presuroso,

en Nise, que murió de lo dichoso,

avisos quiso ser y fue porfía

No muere, no, reloj, de tu armonía

la que vivió lo breve de lo hermoso,

tú que en su lozanía presuroso

un mérito apresuras más que un día

Si en frágil duración de los instantes

tiene su mayor prisa en lo que dura,

¿cómo su oficio de morir ignoras?

Sin ejercicio mueves tus volantes

Que a quien le dan por vida una hermosura

es perezosa edad la de tus horas.

Tan temprano es tu ingenio, que aún no mueves

-con airoso ademán, con planta airosa-

la edad de veinte abriles olorosa

y sin ocios de flor ya frutos llueves

¿Cómo a estrechar en esa edad te atreves

siglos de perfección? Tu edad dichosa

vengue las brevedades de la rosa,

desagravie a las dichas por los breves

Tanta es la edad de tu discurso ardiente,

tan niños esos años mereciste,

que vida has menester porque no acabes

Nace para saber todo viviente,

tú a estudiar el vivir sólo naciste

¡Oh si vivieses todo lo que sabes!