A una mariposa que se ahogó en un vidrio de agua
Avecilla infeliz que tantas flores
en esas breves alas extendiste,
¿cómo si para Fénix floreciste,
Ícaro se apagaron tus colores?
Es tu achaque la luz, es tus rigores,
y en llama de cristales falleciste,
que si ha de ser estrago para un triste
aun el cristal presumirá de ardores
Mas, ay necio de mí, bárbaramente
avecilla en tu lástima me engaño,
compasivo a ese vidrio que te infama
No causó mal mudarte, el accidente,
que habiendo de morir no fue en tu daño
el cristal más peligro que la llama.