A una morena
Tienes ojos de abismo, cabellera
llena de luz y sombra, como el río
que deslizando su caudal bravío
el beso de la luna reverbera
Nada más cimbrador que tu cadera,
rebelde a la presión del atavío
Hay en tu sangre perdurable estío
y en tus labios eterna primavera.
Bello fuera fundir en tu regazo
el beso de la muerte con tu brazo
Espirar como un dios, lánguidamente,
teniendo tus cabellos por guirnalda,
para que al roce de tu carne ardiente
se estremezca el cadáver en tu falda.