A una niña muerta

By Antonio Alcalde Valladares

Al venir a este valle de sonrojos,

en dicha estéril, en dolor fecundo,

sentiste en tu suspiro moribundo

punzarte el aguijón de sus abrojos.

Ni una sonrisa de tus labios rojos

pude escaparse en tu pesar profundo,

y al llegar a las puertas de este mundo

cerraste con desdén los tristes ojos

Pasaste como estrella desgajada

que, fugaz por la atmósfera cruzando,

va a perderse en la bóveda azulada

Y es que dijiste, en tu dolor pensando:

-Para siempre volver quiero a la nada,

que no nacer para vivir llorando.