A una ratonera ramada...

By Juan de Salinas y Castro

La puerta levadiza, que al pasaje

te concedió suspensa libre ingreso,

llamada al centro de su mismo peso,

te intima con estruendo el carcelaje.

Apenas puesto en arma el homenaje,

diste el asalto al cauteloso queso,

incauto ratoncillo, cuando preso

muerdes la red con tímido coraje.

Fue tu glorioso antojo el instrumento

de tu prisión. ¡Oh cuántos racionales

te imitan con malogro de la vida!

Mayor recato nos enseña el viento,

pues jamás atraviesa los umbrales

sin ver primero franca la salida.