Acto II, LUZMÁN

By Lope de Vega

¡Dichoso el bien nacido, el noble, el grande,

que sin virtud hereda la nobleza,

sin que del mar y tierra la aspereza

ni los peligros de las armas ande.

No hay ley que a su grandeza se desmande,

con ser de muertos padres su grandeza,

y más si le acompaña la riqueza,

porque entonces no hay rey que tanto mande.

Nacimos todos y vivimos todos

hasta la muerte el tiempo permitido;

pero por varios y diversos modos

aquel busca el sustento y el vestido,

y este porque desciende de los godos

es dorado y por señor tenido.

Mas el plazo cumplido

se viene a conocer que el mundo yerra,

pues que juntos los dos se vuelven tierra.