- - Acto III, LEONARDO De El cuerdo loco

By Lope de Vega

¡Dichoso el labrador, que del arado

vuelve a su casa con la blanca luna!

Come la pobre cena, si hay alguna;

de una simple mujer se acuesta al lado.

Allí, ni por la joya ni el bordado,

con fingidas caricias le importuna;

ni más que de la mesa hasta la cuna

le desvela solícito cuidado.

¡Oh, tiempo miserable, pues qué quieres

que esté en un faldellín todo el decoro,

y hasta para el chapín la plata adquieres!

¡Oh, gran desdicha! Pues después que el oro

conquistó por los pies a las mujeres,

perdieron muchos su mayor decoro.