Al asistente de Sevilla, pidiendo el indulto del p
No des al fébeo Álvarez la muerte,
¡oh, gran don Bernardino! así te veas
conseguir todo aquello que deseas
en aumento y mejora de tu suerte
Tus crueles ojos en piedad convierte
que en usar de ellos tu nobleza afeas;
el odio cierra, ciérrale, no creas
al vano adulador que te divierte
De ese que tienes preso, el Dios Apolo
es su juez, no sufragáneo tuyo;
ponle en su libertad; dale a su foro;
pues que de hacerlo así, de polo a polo
irá tu insigne nombre y en el suyo
Hispalis te pondrá estatua de oro.