Al cardenal Jiménez de Cisneros
Bajo esta losa yacen los despojos
del mayor Arzobispo de Toledo
conoció, en quien entrada no halló miedo,
aun teniendo la muerte ante los ojos
De penitencia siempre los abrojos
pisó con santo, e inmortal denuedo,
y pudo señalarse con el dedo
por muda reprehensión de Obispos flojos
Humilde en el Convento y el Palacio,
santo en la celda y en el alto trono,
manso con el cayado y con la espada,
supo unir con prudencia el grande espacio
que hay de Obispo, Virrey, Juez y Patrono,
y el mejor Padre de su patria amada