Al Conde de la Puebla, que por omiso en el gobierno de Sevilla el autor le hizo ...
Contábame mi abuela, buen siglo haya,
que yendo a una misión un teatino,
caballero en un prójimo pollino,
se sentó el animal, como una maya,
y se sentó en medio de un pantano;
y que el Padre con mucha melodía:
Arre, Deo gratias, arre, le decía:
arre, arre, Deo gratias, oye hermano;
y el bellaco del asno, viendo el modo,
se estaba rellenando en medio el lodo.
Pasó por allí acaso un arriero,
vio la flema del Padre misionero,
y llegando al hermano en el cogote
cuatro muertos le dio con un garrote.